Dias atrás cuando me llegó la inesperada noticia del
fallecimiento de Ary, muchos recuerdos se agolparon en mi mente,
principalmente los tiempos de la PEA, los años de McLean. Estas líneas
tratan de recordar algo de su vida y de su relación con la OEA. Así,
aunque nunca fue miembro de la SG/OEA, creo que en AROAS puede haber
espacio para un afectuoso recuerdo de quien fue brillante periodista e
inteligente cronista de la vida internacional
de la OEA.
Efectivamente, Ary --quien naciera en Bahía Blanca 82
años atrás- demostró poseer una pluma afilada,
una mente inquisitiva y un criterio acertado
para informar, comentar o criticar las actividades de la OEA, su cuerpo
diplomático y algunos altos funcionarios de su Secretaría General.
Apreciado personalmente por todos pero temido profesionalmente por
muchos, Ary no se arredró ante los obstáculos que su profesión le
proporcionaba, antes bien su personalidad crecía hasta, en ocasiones,
dominar el “campo”.
Pero deseo decir algo de los años de McLean pues
ocurrió que viviéramos a escasa distancia cuando nos reencontramos
después de largo paréntesis y el conocimiento anterior se transformó en
amistad plena , en diálogo inteligente y en reuniones casi diarias en
un café del centro de MacLean al que apodamos –homenaje a ese Buenos
Aires de nuestra juventud- el nuevo Petit Café.
Concurrieron a esta mesa el embajador Alberto Quiroga
García, el sorprendente cronista del tango Carlos Manus, el politico
frondicista Rubio Zabala, el simpático Luis Lizondo, el siempre alegre
Alvaro López y muchos otros, aunque jamás se dio que todos estuviéramos
juntos el mismo día. Se hablaba de todo, principalmente de los hechos
relevantes del día, culturales o no, se anudaban recuerdos, se traían
anécdotas, y se preguntaba sobre la vida de tantos amigos cuyos rumbos
habíamos perdido.
Por encima de todo, fluía una amistad golosa de
revivir en esta mesa de convivio los “good times” que todos reconocíamos
de haber pasado por aquella OEA del recuerdo, cualesquiera fueran
ciertos inevitables sinsabores.
En ocasiones, nos reuníamos en cenas elegantes en su
casa o en la mía, disfrutando de comida cocinada con maestría por el
mismo Ary y rociadas con vinos cuidadosamente seleccionados, franceses,
argentinos o españoles...!O témpora, o mores!.
Ary, que Dios te haya recibido en su seno y que
disfrutes ahora de la paz que perturbó tu infausto accidente. Tus amigos
te recordaremos.