La
historiografía colonial consigna un completo registro de obras y autores,
principalmente en el Archivo de Indias, de Sevilla, España y otros
repositorios de Lima, Chuquisaca y Potosí. Por lo que hace a las cronistas
de las excolonias españolas, destaca una lista encabezada por Fray
Bartolomé de las Casas, al que siguen Garcilazo de la Vega y otros. Pero
una mirada a tales repositorios de esta parte del Atlántico, permite
descubrir nombres y escritos que no han merecido una difusión proporcional
a su importancia, por lo menos, en la medida que el interés por la
literatura colonial lo exige.
Si en Perú –o Bajo Perú si hablamos en los términos y
usos de la época colonial– la leyenda, la crónica y la literatura
colonial, reconocen una definida influencia de aquellos cronistas, en
Bolivia –o Alto Perú como se decía durante la colonia– hay un nombre que
destaca, ejerciendo neto dominio en las letras por su importante aporte al
conocimiento aquella parte de Hispano América, deslindada por su cultura y
sus ingentes aportes en el campo de la economía colonial, mediante la
explotación de la plata entre otra cosas. Se trata de Pedro Vicente Cañete
y Domínguez, cuya obra se conserva en archivos y bibliotecas nacionales y
del exterior.

Al mencionar el Alto Perú en este contexto, cabe
referirse a Potosí, la ciudad donde mayormente y casi permanentemente, el
cronista desplegó su talento y su creatividad. Allí sus obras fueron muy
manejadas –y siguen siéndolo– para estudiar y revisar aspectos históricos,
sociológicos y literarios de la colonia. porque algunos de sus escritos
representan una clásica expresión en la materia. Son fuente de datos muy
manipulada tanto por el investigador como por el estudioso. Hasta han
servido –y seguirán sirviendo seguramente– como material apto para una
suerte de explotación literaria muy comprometida en el aspecto comercial,
cuando no del periodístico. Si bien tal actividad representa en algunos
casos, un aporte al mejor conocimiento de la vida colonial así enfocada,
no con poca frecuencia significa un trato insustancial y algo inclinado a
la estereotipia y la cacofonía.
La Villa Imperial junto a su historia y sus leyendas,
han fascinado a escritores e historiadores a partir de la vida republicana
y, en realidad, desde siempre, lo cual ha dado lugar, en la actualidad, a
una producción contemporánea verdaderamente profusa sobre ele tema. Cabe
preguntarse, sin embargo, sobre la calidad de la información bibliográfica
y sobre las fuentes a que se acudieron. Entre las obras del acervo
colonial potosino y como antecedentes de la obra del autor y cronista
emblemático, está un caudal de obras de distinto género, cuyo valor
referencial no está totalmente deslindado. Pese a lo difícil de la
elección, se puede citar a Bartolomé Orsua y Vela con su “Historia de
la Villa Imperial de Carlos V”, al Inca Gracilazo de la Vega, con
“Historia general del Perú”. Ambas se constituyen en los títulos más
solicitados por los estudiosos y el público a lo largo del Siglo XIX.
Junto a ellas y alcanzando al mismo nivel como obra de referencia, está la
“Guía histórica, geográfica, física civil y legal del gobierno e
Intendencia de la Provincia de Potosí”, de Cañete y Domínguez.
La difusión que han merecido las dos primeras, es
amplia porque son obras de perfil clásico dentro de la literatura
hispanoamericana de ese periodo, Obras más leídas y consultadas en la
búsqueda de información sobre este tema, de acuerdo a los resultados de
encuestas realizadas en diversas bibliotecas latinoamericanas. Hay quienes
atribuyen esta difusión a la faena desarrollada, con largueza y
entusiasmo, por autores potosinos como Modesto Omiste y Julio Lucas
Jaimes, que se involucraron decididamente en estos afanes investigativos
sobre la literatura e la era virreinal.
Pero la de Pedro Vicente Cañete y Domínguez no les
viene en zaga y representa un compendio de lo que la historia decretó para
la Ciudad Unica, con la leyenda entremezclada en su trata y
contexto,.Desde el episodio del indígena Diego Huallpa, que se dice hizo
brotar un reguero de plata en las faldas del Cerro Rico, al tratar de
calentarse con una fogata en el invierno potosino, dando el inicio al
emporio de plata que después llenaría las arcas de España, pasando por la
generosidad del Summac Orko entregando con largueza sus veneros
argentíferos a sus explotadores, o haciéndose eco del primer intento de
liberación de la corona española, en virtud de las luchas y el sacrificio
final de Alonso de Ibáñez durante la pugna mortal entre vicuñas y
vascongados, sin olvidar el posterior auge de la Villa Imperial en lo
político, económico y demográfico ya que un día llegó a ser considerada la
más poblada del mundo. Solo a la zaga de Londres en este aspecto.
Nada fácil el intento de destacar una obra que
permaneció ignorada en los recintos donde se atesora la historia colonial
de esta parte e América. El papel de exhumarla lo asumió –no debe dejarse
de destacar este hecho– un escritor potosino, que con paciente entrega
virtualmente saco a la luz la que luego se constituiría en una joya de la
literatura colonial, la “Guía histórica, geográfica, civil...”. Su
nombre, Armando Alba y su misión, desentrañar los entretelones de la vida
colonial en su calidad de Director de la Casa de Moneda de la Villa
Imperial. Este intelectual contemporáneo empleaba gran parte de su tiempo
en la tarea de revisar y estudiar los archivos de ese repositorio, tarea
que un día lo condujo a ubicar, sacar a luz y luego restaurar los valiosos
manuscritos que en su conjunto constituyen la obra de Cañeta y Domínguez.
Hasta antes de l952, el gran cronista era solo conocido por los eruditos,
los estudiosos y algunos aficionados a las exploraciones historiográficas,
Ese año, pese a que el país atravesaba una crisis subsidiaria de sus
problemas políticos, el brillante y lúcido cronista revivió merced a una
lujosa y completa edición de su magna obra.
Se trata de una exposición completa y detallada, a
veces sucinta de de los aspectos más importantes de la vida colonial. Su
ampuloso título ya esta definiendo el carácter de la obra, que resulta ser
lo más documentado que se ha escrito sobre el tema, en las postrimerías de
la era colonial. La parte histórica del texto cubre toda la etapa llamada
“de la Provincia” y contiene, además, una sobrecargada referencia a la
actividad minera extractiva, iniciada al promediar el Siglo XVI. Existe
cierto énfasis en el abordaje de la cuestión social, sobre todo en
referencia al importante papel desempeñado por los criollos potosinos en
la organización y desarrollo de la comunidad que dio lustre al continente.
Para los estudiosos en materia de derecho colonial, un simple vistazo al
capítulo correspondiente significa toda una experiencia, al decir de un
conocido jurisconsulto contemporáneo. Como quiera que la “Guía” fue
expresión de la etapa final de la colonia, sus páginas cubren
prácticamente todo el periodo y, los datos asentados, en cuanto a fechas,
acontecimientos y nombres, no pueden ser más completos. En este sentido.
la obra resulta fresca y actualizada, si esta expresión puede valer para
una referencia a sucesos acaecidos hace cientos de años. La visión y la
perspectiva que nos muestra de la “Intendencia”, se proyecta a lo largo
del periodo y a lo ancho del territorio que ahora comprende a varias
naciones sudamericanas. El carácter descriptivo y esencialmente técnico de
la obra, contrasta con el carácter discursivo, evocativo y nada formal de
otras de similar temática que se han escrito con posterioridad a ella. El
paralelo surge cuando nos solazamos en la lectura de estas páginas, en
verdad más amenas y realistas, con diferencias incluso estilísticas que
salen a relucir.
Pedro Vicente Cañete y Domínguez, además de cronista
que dedicó la mayor parte de su tiempo a la investigación del pasado
colonial, al estudio de las estructuras sociales y políticas del periodo,
será considerado como el primer crítico del régimen colonial, nada mas que
por haber señalado la validez del andamiaje de la sociedad de su tiempo y
del tiempo que le precedió. Su nombre, empero, esta íntimamente asociado a
la “Guía”, su obra magna y desde mediados del Siglo XX considerada
como una expresión capital de la literatura colonial en Sud América.
Desde otro punto de vista, el cronista cumplió un
interesante periplo como político, Viajó mucho e incursionó en el
desempeño civil como autoridad comunal en un distrito alejado de Potosí,
durante un corto tiempo. Vivió también en Paraguay y la Argentina
entregado a la aventura de achicar diferencias entre las jurisdicciones
virreinales –la del Virreinato de la Plata y el de Lima, no siempre
gobernando coordinadamente– y posiblemente buscando temática e información
de otros escritos de los varios que dejó, al margen de la descrita.
Regresó a la Villa Imperial, en 1816, esto es, mucho después de los
sucesos del 10 de Noviembre de 1810. No fue participe de la efervescencia
libertaria que hizo madurar la revolución, pero formó parte de la
generación que hizo posible la maduración de la mentalidad americanista,
básicamente alineada con las aspiraciones republicanas. Pero –hay que
insistir– es y será recordado mayormente como autor de la “Guía
Histórica, Física, Civil y Legal del Gobierno e Intendencia de Potosí”.
(*) De la Academia
Norteamericana de la Lengua Española.