Con motivo de
celebrarse el Mes de la Herencia Hispánica, cada año se desempolvan
proyectos, ideas y propósitos destinados a jerarquizar esa celebración, en
unos casos, y a reafirmar la presencia hispana en este país, en otros. He
aquí uno de esos proyectos que tal vez se podría calificar, en honor a la
modestia, de una mera iniciativa.
Hace algún tiempo, y
no precisamente en ocasión de un festejo programado en ese Mes de la
Herencia, nos habíamos preguntado: ¿Cómo es que la comunidad
hispanoamericana no ha pensado en una ausencia y un vacío en el campo
cultural, toda vez que en la Capital de Estados Unidos no existe algo que
podría llamarse Museo Hispanoamericano? Algo que, en tratándose de
repositorios e instituciones similares, sirva para albergar no sólo obras
de artistas plásticos, sino también las múltiples expresiones de la rica
cultura hispanoamericana, que actualmente, para darlas a conocer o para
reiterar su presencia, se tiene que cumplir una suerte de peregrinación en
busca de un espacio, escenario o local. Esta cuestión la habíamos
planteado como una demanda, llamando la atención de quienes tienen algo
que ver con asunto de tanta trascendencia para los hispanos en este país.
(Gaceta Iberoamericana, Ed. Impresa. Vol. XVI, No. 1. Sep., 2005).
Cuando parecía que la iniciativa –la de empezar a
trabajar en la creación de un Museo Latinoamericano– no tuvo eco, y cuando
pensábamos que la idea había caído en el vacío, algún tiempo después de
lanzarla, un congresal latino en la Cámara de Representantes, llevó a
instancia de aprobación, una resolución para crear una comisión que
estudie la propuesta. Que sepamos, otra novedad alrededor del asunto, no
hubo.
Por otro lado, en las organizaciones e instituciones
culturales, a juzgar por el silencio que ellas guardaban, no hubo
reacción. Y para que la haya, recordamos hoy lo que habíamos anotado en un
par de ediciones de nuestra aludida publicación.
Argumentos para concretar un proyecto de esa
naturaleza, no faltaban y ahora sobran. El conglomerado de pueblos y
países Latinoamericanos, en virtud del fenómeno migratorio originado en el
instinto de expansión y de búsqueda de nuevos horizontes, ha conquistado
un sitial en Estados Unidos y no vamos a decir, por cierto, que lo
hicieron “en busca del sueño americano”. Con motivo de las elecciones
presidenciales del 2008, en curso de preparación, se ha recontado la
población latina inmigrante –para saber cuántos votantes podrían haber–
llegándose a mencionar la cifra de 45 millones de personas en total. Este
es el justificativo que se esgrime para tratar de obtener muchas cosas.
Nosotros enfatizaríamos que entre ellas sea tomado en cuenta un petitorio
que haga el balance adecuado entre los pedidos que atañen a su bienestar
material, que son los más, y los que se refieren al fomento de sus
tradiciones y su cultura, que son los menos.
En la nota editorial de referencia, decíamos hace
exactamente tres años, “en vísperas de inaugurarse la celebración del Mes
e la Herencia Hispana, 2005, nos embarga la preocupación de que en materia
educacional y cultural, la comunidad hispana no reditúa logros...sino en
una reducida escala. Poco se ha conseguido para bajar las alarmantes
cifras de ausentismo de la juventud en las universidades, casi nada en
reducir el porcentaje de abandono de los estudios en las escuelas y mucho
menos en estimular la creatividad artística nata de nuestros pueblos, ya
sea en el campo de la literatura, la música o las artes plásticas”. Una
forma de estímulo, sería brindar a los artistas, intelectuales,
coleccionistas, y creadores en general, un lugar de la jerarquía de un
museo para que puedan ser expuestas sus obras como expresiones del
momento, por una parte, y por otra, a los curadores, coleccionistas,
bibliófilos, arqueólogos, y organizadores la oportunidad de acumular,
ubicar, reubicar y preservar especimenes del arte y la cultura
latinoamericanos...
Después de algunas consideraciones alrededor de tan
discutido asunto, abordábamos el que ahora viene a colación, apuntábamos:
Queremos..., referirnos nuevamente a otra ausencia y otro vacío muy
significativos, para establecer el verdadero nivel en que nos encontramos
como minoría asentada en este país. Una de las instituciones museísticas
más grandes del mundo –sino la más grande– a Smithsoniana, tiene repartida
su atención para con las minorías, en lo que hace a sus manifestaciones
artísticas y tradicionales, en una forma nada equitativa, pues en su larga
cadena de repositorios dispone de un Museo del Indio Norteamericano, un
Museo Afroamericano, dos Museos de Arte Asiático, a lo que hay que sumar
el Museo Israelita o del Holocausto. Para paliar la situación, señalábamos
en aquella oportunidad, que la mencionada institución había creado una
modesta repartición –una oficina, en realidad– que funciona con el nombre
de Iniciativas Latinas.
Eso hace tres años. Ahora se nos ocurre anotar, ante
una pregunta que se nos formuló alrededor de este asunto: ¿Y qué del Museo
de las Américas, de la Organización de Estados Americanos? Se puede aquí
puntualizar, en afán de hacer mención a los justificativos, que este museo
no es latinoamericano, sino Americano, por una parte y, por otra, que es
un repositorio creado para coleccionar, preservar y exhibir obras de
artistas plásticos de nuestro hemisferio, que por cierto, atesora en su
colección permanente importantes y celebradas obras pictóricas y
tridimensionales de esa procedencia.
La validez de las interrogantes que surgieron sobre los
justificativos anotados en favor del proyecto o iniciativa, fueron
clarificadas por sí mismas. Y en mérito a esa claridad, diremos que los
mejores argumentos en pro, están en la notable calidad, cantidad y
variedad de las expresiones que integran el rico acervo latinoamericano.
Una parte de ellas lleva el sello de las edades, pues no son de ayer, sino
que vienen de siglos atrás y hasta de milenios, por proceder de las
antiguas civilizaciones que florecieron, en su momento, en lo que hoy es
Latinoamérica. Otras son recientes y se deben a la creatividad
contemporánea del espíritu Latinoamericano, que es vital, fecunda,
original. Todas son dignas de preservarse, atesorarse donde quiera que
haya personas que las degusten y aprecien, donde quiera que existan
resabios de ese pasado y se vislumbren claros testimonios de la vigencia
de esa creatividad, que ahora está dispersa. Si las primeras no reconocen
parangón alguno, las otras, las que afloran del talento y genio
iberoamericano, traducidas en obras de nuestro tiempo, compiten con las
procedentes de otras etnias y culturas. Justo es concederles una ubicuidad
adecuada y acorde con sus valores intrínsecos, sean estos históricos o
estéticos. Justo es proveerles de lo que podría ser un Museo
Iberoamericano, o como se quiera llamarlo.
(*) De la Academia Norteamericana
de la Lengua Española.